Juliobriga. On est bien chez soi.


Categoría: Nouvelles

Publicado el 4/12/2020

Como vimos a nuestra llegada a Juliobriga, destaca en el conjunto una edificación nueva, el Centro Domus, un espacio expositivo en el que podemos contemplar la recreación de la Casa de los Morillos, cuyos restos constituyen uno de los emplazamientos del yacimiento arqueológico. Se trata de la casa de una familia de clase media-alta, construida a finales del siglo I después de Cristo. Se piensa que el barrio era de clase media por la superficie de las casas, entre 600 y 800 metros.

No obstante, la Casa de los Morillos no era el único prototipo de hogar romano de la época. Caminando solo unas manzanas podía uno encontrarse la casa de La Llanuca, situada en el barrio de clase alta de la ciudad y con unas dimensiones de 1000 – 1200 metros cuadrados. Pero no nos desviemos del hogar que hoy nos ocupa. Efectivamente, La Casa de Los Morillos tenía un patio porticado al estilo constructivo de la clásica casa mediterránea que no parece la mejor manera de hacer frente al frío campurriano. En otras viviendas de esta ciudad se advierte una estrategia arquitectónica que ampare las casas de los rigores invernales, como la presencia de salas o habitaciones acodadas, carentes de una que no tienen entrada directamente desde el patio, siendo preciso recorrer un pasillo que rodea toda la estancia hasta entrar a la misma desde la parte que da al muro, al abrigo de las inclemencias del tiempo.

A través de los vestigios que se han encontrado ha sido posible reproducir las estancias de la casa, que recorreremos atendiendo a las informaciones que se ofrecen al visitante por las distintas salas. Al entrar, lo primero que nos encontramos es el atrio, compuesto por una sucesión de columnas que soporta el peso de la segunda planta. No solo tiene la función de iluminar las estancias de la casa, también de ventilarlas a través de las pequeñas ventanas de madera que hay en las habitaciones, situadas en torno a este patio central. A su vez, el patio permite la captación del agua de la lluvia para las labores domésticas, agua que es almacenada en el Impluvium, situado en medio del atrio.

En el hogar romano la religión ocupaba un papel destacado. Los romanos profesaban una religión politeísta. En el Lararium, los propietarios de la casa rendían culto a los dioses del hogar, divididos en lares, manes y penates. Los lares (representados en ambos lados del fresco) cuidaban de la familia y de su entorno doméstico, incluidos los esclavos. La denominación de Lararium viene de ellos. En el Pater Familia recae la prosperidad y el sustento económico de la familia. Éste realiza ofrendas en el altar a diario. Los manes (representados bajo la tierra en forma de serpiente) están vinculados con el mundo de los ancestros. En los hogares romanos solía haber varios lararium, en ocasiones dentro de las habitaciones privadas.

El dormitorio, llamado Cubiculum, es la estancia más íntima de la casa. En ella, las mujeres se maquillaban y arreglaban y mantenían conversaciones en torno a la vida privada. Eran habitaciones pequeñas y poco ventiladas para conservar el calor. La altura de las camas es intencional, aísla del frío, la humedad y la suciedad e incluso, de los pequeños animales que hay en la casa. En este espacio, reservado a sus propietarios, los niños recibían clases particulares.

Pero no perturbemos más la intimidad familiar. Pasemos a una sala menos privada, el Triclinium. Es la estancia principal de la casa, utilizada como comedor, recepción de visitas y, a menudo, como despacho. Su abundante decoración pretende expresar el nivel adquisitivo de sus propietarios dentro y fuera de la casa, de ahí que esté situada frente a la puerta de acceso a la casa. Los propietarios agasajaban en el Triclinium a sus invitados y muchas veces se cerraban grandes negocios en torno a la mesa. Los reclinatorios sobre los que se tumbaban para comer, que dan nombre a esta estancia, están dispuestos en forma de U. Antes de recostarse para comer sobre el triclinium, los comensales se lavaban las manos y los pies. Las paredes están pintadas al fresco y contienen escenas que hacen alusión a motivos mitológicos y de entretenimiento, temas de conversación habituales en esta estancia.

Después de hablar tanto de comidas, como no hemos sido invitados al festín del Triclinium, pasaremos a la Culina, pero antes fisgaremos en la despensa. La despensa suele situarse en la parte más fresca de la casa, habitualmente en el sector norte, cerca de la cocina, pero apartada de ella misma evitando que el calor del fogón y del horno altere la conservación de los alimentos. La estancia solía estar cerrada con llave para evitar hurtos y custodiada por un siervo de confianza. La cocina estaba reservada al trabajo de esclavos o criados. Los niños hasta los ocho años de edad estaban a cargo del servicio, siendo habitual verles fuera de las estancias nobles. El fogón que vemos reproducido en el Centro Domus es un fogón alto de estilo pompellano. El horno se utilizaba para cocinar o cocer cerámica. Los morillos de metal, pieza esencial en la cocina, permitían sostener sobre el fuego las vasijas utilizadas para cocinar los alimentos. El fogón de la casa de los morillos estaba situado originalmente en el suelo. La letrina situada junto al horno, era de uso exclusivo para los siervos. Su ubicación, más que chocante considerada desde una visión actual, se debía a la oportunidad para aprovechar el agua sucia que se evacuaba, arrastrando la suciedad hasta la calle mediante canalizaciones.

La última pieza que podemos ver en el Centro Domus son las Tabernae. Las tabernas eran establecimientos comerciales situados en la calle principal. Las tiendas eran arrendadas a particulares o regentadas por siervos. La segunda planta solía utilizarse como almacén o vivienda del propietario de la tienda. Los comercios eran diversos, siendo los más frecuentes la venta de alimentos, productos artesanales y de servicio. Contaban con un fogón para cocinar o calentar los alimentos que se preparaban en la tienda para consumir allí o fuera del establecimiento. Los juegos de mesa eran habituales durante el consumo de bebidas. Las apuestas en los juegos de azar estaban prohibidas, sancionando a los jugadores, no al local donde se practicaban. Los Thermopolios o cauponas, situadas en el interior del mostrador de piedra y en forma de L, guardaban la temperatura de los alimentos y las bebidas frías y calientes. Para consumir el vino se utilizaban unos recipientes de cerámica común, los ciatus. De este término deriva la palabra chato que actualmente utilizamos.

Después de tan instructiva visita, si me dieran a elegir, no sé si me decidiría por retirarme al Cubiculum para descabezar un breve sueño mientras los menores reciben clases de latín o me recostaría en el Triclinium para sumarme a la tertulia posterior al banquete. Lo mejor será que salga al atrio para que el aire me refresque la cara antes de continuar con el recorrido de este entorno llamado Julióbriga, en el que cada piedra es la sugerencia de una obra mayor.